Los accidentes no existen
Existen las negligencias, los intereses, los errores sin remedio, no los accidentes. En un magnífico informe La Vanguardia publicaba en su edición del pasado domingo las causas de otros accidentes aéreos que tuvieron su origen en el despegue, y en todos ellos intervino el factor humano para provocarlo. En unos casos el exceso de carga, en otros un avión demasiado viejo, la desconcentración de la tripulación o pilotos que no sabían comunicarse. Siempre la mano del hombre.
Sin embargo en ninguno de ellos se reconoció ese error al principio, sino tras evidencias que salieron a la luz muy a pesar de las compañías aéreas. No nos engañemos, volar es un negocio, cumple la función de un servicio público en manos de privados que quieren enriquecerse con ello.
¿Por qué en día y medio Spanair ha cancelado 6 vuelos por problemas técnicos? Porque ahora sus comandantes cumplen a rajatabla las normas de seguridad que antes no les permitían cumplir y si lo hacían ponían en riesgo su empleo.
La misma mañana del día del accidente de Barajas, pilotos de Spanair afiliados al sindicato SEPLA denunciaron en un documento estas presiones, en el documento se lee: “Recibimos continuas presiones y amenazas por parte de la Dirección para que tripulantes y personal de mantenimiento transgredan las normas”. El aumento del precio del carburante, los problemas laborales de la empresa y la crisis económica endurecen estas normas no escritas pero de obligado cumplimiento. Retrasar una salida de un vuelo para revisar una posible avería le cuesta a la compañía miles de euros y si el vuelo se cancela por orden del comandante, sabe que puede ser sancionado o despedido.
Lo hacen todas las compañías. Las de bajo coste todavía rebajan más el listón de la seguridad. Si el ministerio hecha balones fuera asegurando que en las inspecciones realizadas no se detectó ninguna incidencia en los aviones de Spanair, es para evitar su responsabilidad en la catástrofe, que la tiene, por no haber creado todavía la Agencia de Seguridad Aérea y disponer tan solo de tres inspectores para vigilar que los dos millones de vuelos que se hacen en España, cumplan con todas las normas de seguridad. Que se investigue qué sucedió, pero no sólo en la pista de Barajas sino en los despachos de los directivos de la compañía Spanair y en todas las demás.
Albert Castillón
Fuente: lavanguardia.es