Un grupo de guardias civiles, en el aeropuerto de Palma en la tarde de ayer, tras el atentado mortal de Palmanova.
Perplejidad. Esa era la sensación más generalizada ayer en toda Mallorca. A nadie le resultaba fácil asimilar que ETA se hubiera atrevido no solo a atentar en la isla –considerada un búnker casi inaccesible ante la inminente llegada de la familia real–, sino a hacerlo en uno de sus puntos más concurridos, ya que Palmanova, [...]